Chacho Manrique
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Historias e ideas

¿Y si llevamos cien años midiendo lo que no importa tanto?

¿Y si llevamos cien años midiendo lo que no importa tanto?

A ver.

¿Qué significa vivir bien?

¿Más dinero?, ¿menos trabajo?, ¿más tiempo para tus hijos?

¿Poder hacer lo que te dé la gana un martes por la mañana?

Probablemente un poco de todo.

Pero aquí viene lo curioso.

Durante el último siglo aprendimos a medir cuánto producimos, ganamos y gastamos.

Pero no necesariamente si vivimos mejor.

Y es interesante cómo llegamos a confundir ambas cosas.

Nuestros indicadores económicos nacieron intentando resolver una crisis detrás de otra.

El pánico financiero de 1907 desembocó en la creación de la Reserva Federal estadounidense.

La Primera Guerra Mundial obligó a coordinar la producción y administrar recursos.

La recesión de 1920-1921 impulsó la organización de información económica.

Luego llegó el crack del 29.

Bancos quebrados, desempleo y producción desplomada.

Había que medir cuánto había caído la economía.

Y nació el Ingreso Nacional.

Simon Kuznets, su autor, advirtió:

Esto no mide el bienestar de los habitantes.

Obvio.

No le hicimos caso.

Llegó la Segunda Guerra Mundial.

Ya no bastaba saber cuánto producíamos, sino cuánto podíamos producir.

Apareció el Producto Nacional Bruto (PNB).

Y aquí viene el problema.

Recorrer muchos kilómetros no es llegar más lejos.

Confundimos producir más con progresar más.

Hasta que en 1968, Robert F. Kennedy recordó que el PNB podía crecer con cárceles, contaminación o accidentes.

Medía actividad económica.

No necesariamente bienestar.

Tener más no es vivir mejor.

Y aparece una pregunta difícil.

¿Cómo medimos nuestro bienestar?

Calidad de vida.

Tiene que ver con la salud y eso afecta tu trabajo, tu trabajo tu tiempo, tu tiempo tus relaciones, tu tranquilidad, tus oportunidades y así sucesivamente hasta la libertad.

Todo está conectado.

Y aquí aparece algo que me interesa especialmente.

La vivienda.

No como dato técnico, sino como experiencia diaria.

Después de todo, es el escenario donde transcurre nuestra vida.

Quizá la pregunta no sea «¿cuántos metros tiene?», sino «¿qué vida permite?».

Una vivienda puede facilitar muchas cosas.

O complicarlas.

No pretendo tener una respuesta universal sobre qué significa vivir bien.

Pero merece la pena preguntarse:

¿Qué tanto la casa en la que vivimos sostiene la vida que queremos tener?

Porque quizá llevamos demasiado tiempo preguntándonos cuánto vale nuestra casa.

Y demasiado poco cuánto aporta a nuestra vida.

De eso me gusta escribir.

De casas, sí. Pero también de dinero, decisiones y tiempo.

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No prometo tener todas las respuestas.

Pero sí algunas preguntas que merecen la pena.